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viernes, 3 de febrero de 2017

Cómo reconocer un posible trastorno bipolar, según la A.P.A.

Breve resumen sobre el Trastorno Bipolar, publicado en Infocop.

El trastorno bipolar es una enfermedad mental grave que afecta a los pensamientos, sentimientos, estado de ánimo y al funcionamiento general de la persona que lo padece.  Según estima la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 60 millones de personas tienen este trastorno, constituyendo la sexta causa de discapacidad en el mundo. En nuestro país, concretamente, se calcula que la cifra de personas afectadas podría alcanzar el millón de personas.

El trastorno bipolar, conocido anteriormente como “maníaco-depresivo”, es una enfermedad crónica y recurrente, marcada por cambios dramáticos en el estado de ánimo, la energía y los niveles de actividad, caracterizándose por la alternancia de episodios maníacos y depresivos separados por periodos de estado de ánimo normal.

Así lo define la APA (American Psychological Association-Asociación Americana de Psicología) en un artículo publicado en su página Web, mediante el cual aborda este trastorno, sus síntomas y el tipo de intervención más eficaz.

Tal y como señala la Asociación, los primeros síntomas suelen surgir en la adolescencia tardía o principios de la edad adulta, si bien en algunos casos puede aparecer en la infancia.

A día de hoy, se desconoce la causa exacta de este trastorno, sin embargo, algunos estudios han mostrado la evidencia del peso que tienen los factores genéticos y ambientales como factores de riesgo para desarrollarlo.

La fase maníaca puede incluir los siguientes signos y síntomas:

Sensación de felicidad extrema, disminución del sueño, lenguaje y pensamientos acelerados, estado de ánimo agitado e irritable, exceso de confianza y falsas creencias en torno a sus capacidades, conductas imprudentes y de riesgo elevado (conducir temerariamente, jugar o gastar en exceso, tener prácticas de riesgo asociadas al VIH, etc.).

Entre los síntomas de un estado depresivo se pueden observar:

Tristeza o desánimo continuo, baja autoestima, pérdida de placer al realizar sus actividades favoritas y abandono de las mismas, dificultades para concentrarse o recordar algo, experimentar hábitos inusuales del sueño -dormir demasiado o dificultades para conciliarlo-, pensamientos de muerte o suicidio, etc.

El tratamiento del trastorno bipolar incluye, generalmente, una amplia variedad de estrategias orientadas a manejar la enfermedad a largo plazo. Según manifiesta la APA, si bien los medicamentos suelen ser una parte importante de la intervención, también lo es la Psicoterapia. A este respecto, pone de relieve un informe publicado por la Asociación Psicológica Canadiense (Canadian Psychological Association), consistente en una revisión de estudios relativos al tratamiento del trastorno bipolar, y que muestra cómo la Psicoterapia junto con la medicación, puede reducir significativamente las tasas de recidiva en estados maníacos y depresivos, mejorando, a su vez, el funcionamiento general y el bienestar.

En esta misma línea, el Instituto Nacional de Excelencia para la Salud y los Cuidados (National Institute for Health and Care Excellence, NICE) establece que las personas adultas con trastorno bipolar deben tener acceso a tratamiento psicológico adaptado específicamente para su condición y basado en manuales apoyados en la evidencia, así como a terapias psicológicas de “alta intensidad”, entre las que se incluye la terapia cognitivo-conductual, la terapia interpersonal o la terapia conductual de pareja.

En su artículo, la APA subraya el  papel fundamental que juega aquí el psicólogo, ayudando a las personas con trastorno bipolar a reconocer y manejar los síntomas de la enfermedad, a cambiar los patrones negativos de pensamiento del pensamiento, a manejar las rutinas diarias, a mejorar las relaciones con familiares y amigos, enseñando a estos mismos estrategias para poder ayudar a la persona con trastorno bipolar, etc.

martes, 15 de marzo de 2016

Viernes 18 de marzo, Día Internacional del sueño

El viernes 18 de marzo se conmemora el Día Internacional del sueño. Este día, organizado por la Asociación Mundial de Medicina del Sueño nos propone que dormir sea un sueño accesible para todas y todos, ya que estima que sólo un tercio de la población consigue alcanzar un buen sueño según parámetros de salud.
Les sugiero que aprovechemos el día para reflexionar sobre la importancia del sueño que la medicina y la psicología nos han demostrado, y de las dificultades que tenemos para lograrlo. Si bien, la medicina y la psicología del trabajo nos han demostrado suficientemente las consecuencias de la fatiga física y mental en la producción, son más importantes las consecuencias personales y sociales de los trastornos del sueño.
Un buen sueño no se mide solamente en cantidad sino también en calidad. Por lo que si bien es conveniente dormir entre 7-8 horas al día, si esto se debe únicamente al uso de inductores al sueño, o si este sueño no es reparador, podemos hacer algunas cosas más para conseguir dormir lo suficiente y bien.
A veces no tenemos suficiente tiempo para dormir, o nuestras preocupaciones y actividades no nos permiten descansar durante las horas que estamos durmiendo. Si después de revisar su higiene del sueño, no lo consigue, puede consultar a un especialista para ayudarle a analizar sus rutinas de sueño y proponerle alternativas para mejorar su sueño y su salud.

El sueño es como el tiempo, no podemos acumularlo para compensar el insomnio.