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sábado, 28 de diciembre de 2019

¿Cuáles son las urgencias psicológicas más frecuentes en este periodo de final de año?


Sin ser catalogadas como urgencias psicológicas, no es infrecuente que en las semanas previas a los periodos vacacionales o los días festivos, se produzca un incremento de las solicitudes de consulta probablemente debidas a la previsión de un aumento del tiempo no-estructurado, al incremento de contactos sociales o al contrario, por la ausencia de los encuentros que se perciben como normativos.

Episodios etiquetados por los manuales de diagnóstico (DSM-5 o el CIE-10) como depresivos, ansiógenos o mixtos, con todas sus especificidades (Fobia social, crisis de pánico, trastorno obsesivo compulsivo, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa…) son los tres motivos más frecuentes de petición de cita. 

Los problemas de pareja o con las hijas e hijos también pueden requerir un consejo psicológico especializado. Máxime tras la evaluación escolar coincidente con el final del trimestre y con el deseo de comenzar un nuevo año mejor.

Otra de las posibles causas que motiva la petición de consulta es el incremento de síntomas del estrés que supone la acumulación de eventos vitales estresantes (AVE) en estas fechas. Entre estos AVE se incluyen las mismas vacaciones o periodos navideños...

Los AVE forman parte de una escala elaborada en 1967 por Thomas Holmes y Richard Rahe para identificar 43 eventos estresantes que se pueden dar en la mayor parte de las culturas y pueden causar enfermedad. Aunque algunos estudios han criticado la vigencia de la Escala en el siglo XX y su transculturalidad, persiste su utilidad para valorar el grado de estrés al que se expone una persona en concreto  y el grado de impacto psicológico percibido (“Condiciones psicométricas de la Escala de Acontecimientos Vitales Estresantes, Londoño y cols. En Actualidades en Psicología, 33 (126), enero-junio 2019, 83-96).

Uno de estos AVE puede deberse a la pérdida de un familiar o persona cercana, bien por accidentes o autolesiones. Según la revisión realizada por el doctor Dominique Savary en la Revista Medscape, el periodo de fin de año se asocia con un incremento de la mortalidad de los pacientes principalmente los que tienen padecimiento cardiovascular y, en especial los pacientes con enfermedades coronarias. En estos casos, está demostrado que la utilización de los servicios de un psicólogo o psicóloga especializado en emergencias psicológicas mejora la atención inmediata durante la urgencia, puede prevenir complicaciones posteriores y favorece una detección precoz de posibles factores de vulnerabilidad en el futuro de las personas cercanas al fallecimiento imprevisto.

Por último, es importante señalar que tanto la abstinencia como el consumo excesivo de alcohol u otras sustancias (ansiolíticos, cocaína, anfetaminas, cafeína, anticolinérgicos, alucinógenos, hormonas esteroideas o los simpaticomiméticos), incrementan igualmente las urgencias médicas y psicológicas.

Por mi parte, colaboro desde 2014 con el Servicio de Asistencia y Apoyo Psicológico de PsyFrance en la atención psicológica urgente de personas en riesgo psicosocial y en el acompañamiento de eventos vitales estresantes para dar respuesta a estas eventualidades.



miércoles, 25 de septiembre de 2019

Yo dudo, tú dudas, nosotras dudamos, ellos dudan, cuándo debo consultar a una psicóloga?



¿Cuántas preguntas podemos hacernos a lo largo de una hora? ¿Y del día? ¿En una semana, cuántas? ¿Y de una vida?

En general, la duda nos abre puertas que pueden ayudarnos a ver nuevas perspectivas, a solucionar problemas, porque al fin y al cabo, dudar  no es más que poner en suspensión juicios o decisiones. La Real Academia de la lengua española de forma más poética define a la duda como “la suspensión o indeterminación del ánimo”. ¿Pero, cuándo terminar con la suspensión y continuar el juicio o la decisión? “He aquí la cuestión, querido Hamlet”, se decía el propio Hamlet a sí mismo.

Algunas personas se deleitan en la reflexión y la duda, en ocasiones puede producir casi, un placer filosófico el tomarse el tiempo y la distancia para reflexionar y dudar.

En la mayor parte de las ocasiones, las consecuencias imprevistas o indeseadas a nuestras decisiones, nos abocan al replanteamiento y la duda, desde la psicología podemos definir estas situaciones como crisis. Pero las crisis es su sentido más estricto son situaciones concretas, puntos de inflexión que obligan al cambio.

En algunos momentos de nuestra vida, también, podemos tener las eternas dudas, lugares comunes y personas que van tomando el hábito o el vicio de dudar en temas recurrentes, en particular de lo que hacen. ¿Debería quedarme en este puesto de trabajo o arriesgarme y cambiar? ¿Soy feliz con mi pareja? Pero ¿ESTO ES REALMENTE LO QUE QUIERO?

Estas situaciones son las que requieren más tiempo de dilucidar, porque dependiendo de las motivaciones y definiciones del trabajo, en un momento dado podemos “querer de verdad” cambiar y en otras conservar. El ámbito de la felicidad es exponencialmente más complejo, ¿qué es la felicidad? ¿Qué me haría feliz ahora? ¿Y en media hora o diez años? ¿Soy lo suficientemente feliz de esta manera? Y esto de lo que ahora solo dudo, ¿será un problema a resolver en el futuro?

Y por último, existen dudas que son patológicas en cuanto al nivel de malestar que generan y la gravedad con que interfieren en varios ámbitos de nuestra vida (el personal, familiar, social, laboral o académico,...). Aunque pudieran surgir en un remoto inicio como bálsamo como calmar inquietudes, a lo largo del tiempo se convierten en un esquema aprendido que repite continuamente la suspensión, genera más ansiedad que la que calma, pudiendo acabar en un verdadero trastorno obsesivo, TOC, celotipia, hipocondría….

En los dos últimos tipos de dudas descritos, es pertinente acudir a la ayuda de un profesional de la conducta, como los psicólogos, para que nos acompañen en el proceso de desanudar las dudas, explicitar las emociones que las anudan y facilitar procesos que nos hagan más felices, sin duda.


Sandra Iriarte

viernes, 3 de febrero de 2017

Cómo reconocer un posible trastorno bipolar, según la A.P.A.

Breve resumen sobre el Trastorno Bipolar, publicado en Infocop.

El trastorno bipolar es una enfermedad mental grave que afecta a los pensamientos, sentimientos, estado de ánimo y al funcionamiento general de la persona que lo padece.  Según estima la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 60 millones de personas tienen este trastorno, constituyendo la sexta causa de discapacidad en el mundo. En nuestro país, concretamente, se calcula que la cifra de personas afectadas podría alcanzar el millón de personas.

El trastorno bipolar, conocido anteriormente como “maníaco-depresivo”, es una enfermedad crónica y recurrente, marcada por cambios dramáticos en el estado de ánimo, la energía y los niveles de actividad, caracterizándose por la alternancia de episodios maníacos y depresivos separados por periodos de estado de ánimo normal.

Así lo define la APA (American Psychological Association-Asociación Americana de Psicología) en un artículo publicado en su página Web, mediante el cual aborda este trastorno, sus síntomas y el tipo de intervención más eficaz.

Tal y como señala la Asociación, los primeros síntomas suelen surgir en la adolescencia tardía o principios de la edad adulta, si bien en algunos casos puede aparecer en la infancia.

A día de hoy, se desconoce la causa exacta de este trastorno, sin embargo, algunos estudios han mostrado la evidencia del peso que tienen los factores genéticos y ambientales como factores de riesgo para desarrollarlo.

La fase maníaca puede incluir los siguientes signos y síntomas:

Sensación de felicidad extrema, disminución del sueño, lenguaje y pensamientos acelerados, estado de ánimo agitado e irritable, exceso de confianza y falsas creencias en torno a sus capacidades, conductas imprudentes y de riesgo elevado (conducir temerariamente, jugar o gastar en exceso, tener prácticas de riesgo asociadas al VIH, etc.).

Entre los síntomas de un estado depresivo se pueden observar:

Tristeza o desánimo continuo, baja autoestima, pérdida de placer al realizar sus actividades favoritas y abandono de las mismas, dificultades para concentrarse o recordar algo, experimentar hábitos inusuales del sueño -dormir demasiado o dificultades para conciliarlo-, pensamientos de muerte o suicidio, etc.

El tratamiento del trastorno bipolar incluye, generalmente, una amplia variedad de estrategias orientadas a manejar la enfermedad a largo plazo. Según manifiesta la APA, si bien los medicamentos suelen ser una parte importante de la intervención, también lo es la Psicoterapia. A este respecto, pone de relieve un informe publicado por la Asociación Psicológica Canadiense (Canadian Psychological Association), consistente en una revisión de estudios relativos al tratamiento del trastorno bipolar, y que muestra cómo la Psicoterapia junto con la medicación, puede reducir significativamente las tasas de recidiva en estados maníacos y depresivos, mejorando, a su vez, el funcionamiento general y el bienestar.

En esta misma línea, el Instituto Nacional de Excelencia para la Salud y los Cuidados (National Institute for Health and Care Excellence, NICE) establece que las personas adultas con trastorno bipolar deben tener acceso a tratamiento psicológico adaptado específicamente para su condición y basado en manuales apoyados en la evidencia, así como a terapias psicológicas de “alta intensidad”, entre las que se incluye la terapia cognitivo-conductual, la terapia interpersonal o la terapia conductual de pareja.

En su artículo, la APA subraya el  papel fundamental que juega aquí el psicólogo, ayudando a las personas con trastorno bipolar a reconocer y manejar los síntomas de la enfermedad, a cambiar los patrones negativos de pensamiento del pensamiento, a manejar las rutinas diarias, a mejorar las relaciones con familiares y amigos, enseñando a estos mismos estrategias para poder ayudar a la persona con trastorno bipolar, etc.

martes, 15 de marzo de 2016

Viernes 18 de marzo, Día Internacional del sueño

El viernes 18 de marzo se conmemora el Día Internacional del sueño. Este día, organizado por la Asociación Mundial de Medicina del Sueño nos propone que dormir sea un sueño accesible para todas y todos, ya que estima que sólo un tercio de la población consigue alcanzar un buen sueño según parámetros de salud.
Les sugiero que aprovechemos el día para reflexionar sobre la importancia del sueño que la medicina y la psicología nos han demostrado, y de las dificultades que tenemos para lograrlo. Si bien, la medicina y la psicología del trabajo nos han demostrado suficientemente las consecuencias de la fatiga física y mental en la producción, son más importantes las consecuencias personales y sociales de los trastornos del sueño.
Un buen sueño no se mide solamente en cantidad sino también en calidad. Por lo que si bien es conveniente dormir entre 7-8 horas al día, si esto se debe únicamente al uso de inductores al sueño, o si este sueño no es reparador, podemos hacer algunas cosas más para conseguir dormir lo suficiente y bien.
A veces no tenemos suficiente tiempo para dormir, o nuestras preocupaciones y actividades no nos permiten descansar durante las horas que estamos durmiendo. Si después de revisar su higiene del sueño, no lo consigue, puede consultar a un especialista para ayudarle a analizar sus rutinas de sueño y proponerle alternativas para mejorar su sueño y su salud.

El sueño es como el tiempo, no podemos acumularlo para compensar el insomnio.