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miércoles, 25 de septiembre de 2019

Yo dudo, tú dudas, nosotras dudamos, ellos dudan, cuándo debo consultar a una psicóloga?



¿Cuántas preguntas podemos hacernos a lo largo de una hora? ¿Y del día? ¿En una semana, cuántas? ¿Y de una vida?

En general, la duda nos abre puertas que pueden ayudarnos a ver nuevas perspectivas, a solucionar problemas, porque al fin y al cabo, dudar  no es más que poner en suspensión juicios o decisiones. La Real Academia de la lengua española de forma más poética define a la duda como “la suspensión o indeterminación del ánimo”. ¿Pero, cuándo terminar con la suspensión y continuar el juicio o la decisión? “He aquí la cuestión, querido Hamlet”, se decía el propio Hamlet a sí mismo.

Algunas personas se deleitan en la reflexión y la duda, en ocasiones puede producir casi, un placer filosófico el tomarse el tiempo y la distancia para reflexionar y dudar.

En la mayor parte de las ocasiones, las consecuencias imprevistas o indeseadas a nuestras decisiones, nos abocan al replanteamiento y la duda, desde la psicología podemos definir estas situaciones como crisis. Pero las crisis es su sentido más estricto son situaciones concretas, puntos de inflexión que obligan al cambio.

En algunos momentos de nuestra vida, también, podemos tener las eternas dudas, lugares comunes y personas que van tomando el hábito o el vicio de dudar en temas recurrentes, en particular de lo que hacen. ¿Debería quedarme en este puesto de trabajo o arriesgarme y cambiar? ¿Soy feliz con mi pareja? Pero ¿ESTO ES REALMENTE LO QUE QUIERO?

Estas situaciones son las que requieren más tiempo de dilucidar, porque dependiendo de las motivaciones y definiciones del trabajo, en un momento dado podemos “querer de verdad” cambiar y en otras conservar. El ámbito de la felicidad es exponencialmente más complejo, ¿qué es la felicidad? ¿Qué me haría feliz ahora? ¿Y en media hora o diez años? ¿Soy lo suficientemente feliz de esta manera? Y esto de lo que ahora solo dudo, ¿será un problema a resolver en el futuro?

Y por último, existen dudas que son patológicas en cuanto al nivel de malestar que generan y la gravedad con que interfieren en varios ámbitos de nuestra vida (el personal, familiar, social, laboral o académico,...). Aunque pudieran surgir en un remoto inicio como bálsamo como calmar inquietudes, a lo largo del tiempo se convierten en un esquema aprendido que repite continuamente la suspensión, genera más ansiedad que la que calma, pudiendo acabar en un verdadero trastorno obsesivo, TOC, celotipia, hipocondría….

En los dos últimos tipos de dudas descritos, es pertinente acudir a la ayuda de un profesional de la conducta, como los psicólogos, para que nos acompañen en el proceso de desanudar las dudas, explicitar las emociones que las anudan y facilitar procesos que nos hagan más felices, sin duda.


Sandra Iriarte

jueves, 16 de mayo de 2019

Mi experiencia Creciendo VIH positiva

Mi experiencia Creciendo VIH positivo

Misericordia Ngulube


Haber vivido siempre con VIH me ha enseñado la importancia absoluta de aprender a amar y abrazar mi cuerpo.



El VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) es simplemente un virus que intenta controlar el sistema inmunológico, y al hacerlo, si no se trata puede conducir al SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), un término general que se usa para definir un conjunto de síntomas que indican Que el sistema inmunológico ha sido destruido. 

El estigma del VIH a menudo transmite el mensaje de que las personas que viven con el VIH no son dignas de amor o aceptación. Para mí, darme cuenta de que el aspecto más importante del VIH era recordar que 'H' significa humano. Siempre me recuerda que, incluso frente al estigma, es una necesidad abrazarme y amarme a mí mismo.

El virus se puede controlar con un tratamiento a menudo denominado terapia antirretroviral (ARV) y esto significa que puedo esperar vivir tanto como una persona sin VIH, tener hijos que no sean VIH + y debido a 'U = U' - - una campaña que celebra que una 'carga viral indetectable' - significa que puedo descansar sabiendo que no puedo transmitirla.

Cuando me informaron que había nacido con VIH, el conocimiento de mi diagnóstico vino con el conocimiento y la protección de ser consciente de que la comunidad de la que sin saberlo había formado parte era "ajena" a la sociedad. La habitación en la que me dijeron que estaba, ya no existe, literal y metafóricamente hablando, tampoco existen las limitaciones del estigma como lo fueron entonces.

"Para mí, darme cuenta de que el aspecto más importante del VIH era recordar que 'H' significa humano".
El hecho de crecer con el VIH suele ser aislado, y se siente aún más en Gales, donde hay menos de 20 personas en todo el país que comparten su experiencia. Mi pregunta siempre ha sido: ¿por qué es tan importante que un virus intente atacar mi sistema inmunológico, por qué debería tener un impacto en quién soy y qué puedo hacer?

Solo cuando llegué a un acuerdo con el hecho de que el autoestigma no hacía absolutamente nada para servirme positivamente como persona, decidí pensar de manera diferente. Esto significó que, en lugar de vivir dentro de los límites que el estigma a menudo nos plantea, podría elegir vivir de manera diferente.

Nunca he olvidado estar en una reunión con otros jóvenes activistas, y uno de ellos dijo: “Si no hablamos de nuestras experiencias de vivir con el VIH, ¿por qué esperaríamos que otros supieran sobre ellos y por qué esperamos tener una ¿Voz? ”Entonces, en lugar de dejarme envolver por el silencio, decidí iniciar conversaciones que podrían llevar al cambio.

La mayor parte del estigma que rodea al VIH se debe a la falta de conocimiento sobre los hechos.La gente le teme a lo desconocido, es realmente tan simple, o simplemente es ignorante a propósito.Sin embargo, el verdadero aprendizaje comenzó cuando tuve que entender la brecha (que se ha convertido en algo por lo que estoy agradecido) entre amar mi activismo, que se centra principalmente en hacer de los jóvenes una prioridad y empoderarlos y aprender cómo empoderar a mí mismo. Un activista del VIH que vive abiertamente.

Nadie te da un manual para esto. Me encontraba rutinariamente frustrado cuando tenía proyectos, eventos y experiencias cuando estaba en la cima de mi juego, y llegaba a casa y, literalmente, no podía ni siquiera decir las tres letras "VIH". Tenía que entender que mi confianza y mi amor por la defensa no significaban necesariamente que tuviera confianza y amor por mí mismo.

Para mí, esto significa decir no a las cosas para las que simplemente no tenía energía, centrándome en proyectos de los que podría estar orgulloso y, lo que es más importante, me tomaba el tiempo regularmente para practicar el cuidado personal. Ahora, me he dado cuenta de lo importante que es que al aceptar mi diagnóstico de VIH, me he convertido en un mejor activista, amigo y persona. No ha sido un viaje lineal, pero se trata de tomar un día a la vez, respirar profundamente y el amor y el apoyo de quienes me rodean.


Mire la charla TEDxYouth @ BrayfordPool de Mercy 'Generación Y: con derecho a cambiar'para saber más acerca de lo que ella representa. Esta pieza fue publicada originalmente en BRICKS, No.6, The Body Issue.

miércoles, 25 de abril de 2018

¿Huir o encender la luz?



En algunas ocasiones estamos tan cerradas en nuestra inmediatez que nos creemos que la única solución o la mejor a nuestra situación presente es salir de ella, huir más o menos temporalmente.

Esta idea que pudiera parecer natural e instintiva, en el ser humano, cultural y mental, está muy mediatizada por el marketing que nos satura todos los días con mensajes de alternativas de ocio para ser más felices. Pero la trampa es bien sencilla, para consumir necesitamos dinero, y para obtener dinero de una manera honesta, debemos trabajar, asumir responsabilidades y producir.

Y cuando el nivel de trabajo y actividad no se adecua a nuestras necesidades personales, ritmos y gustos, nos saturaremos y se cerrará el laberinto, pensaremos que salir de la situación y “huir” temporalmente, será la mejor y más accesible solución.

Pero ¿ y si encendiéramos la luz de nuestra vida? Si nos tomáramos un tiempo personal para respirar, pensar y sentirnos, ¿qué nos diríamos? ¿Qué elegiríamos hacer?

Ésta es la propuesta de reflexión que presentamos esta semana, vísperas de la siguiente semana con días festivos…

¿Qué te dices?



sábado, 26 de agosto de 2017

La vuelta del verano, buen momento para la reflexión


Hola, ¿Qué tal habéis pasado el verano? 

Aunque según el calendario, todavía nos quedan unas semanas de verano hasta el 21 de septiembre, muchas personas están pensando ya que en septiembre van a retomar sus horarios cotidianos, sus actividades, o no, en pocos días.

Sin quererlo, septiembre se vuelve como un retorno a la infancia, al calendario escolar, donde tras los meses de julio y agosto, retomamos rutinas y nos hacemos propósitos.

Y aquí es a donde quería llegar yo. ¿Hemos propiciado en verano espacios personales? ¿Nos hemos sentido y escuchado? ¿Hemos estado a gusto? ¿Nos hemos hecho nuevos propósitos o retomado antiguos deseos?

Si no hemos podido dedicarnos tiempo a nosotros y nosotras mismas, quizás, estos días pueden ser una buena ocasión antes de que empiece el mes de septiembre. Quizás tras leer este post, podemos reservarnos cinco minutos, quince o todo el tiempo que deseemos para estar con nosotros y nosotras mismas. Aquí y ahora. Respirando, sintiéndonos y escuchando lo que nuestro cuerpo y mente está comunicando: “Estoy bien”, “Estoy fenomenal”, o “Estoy ……” “Me pasa ….”. Y ahí estaremos, escuchando, sintiendo y acogiendo, “Está bien, te escucho, luego decidiré lo que hago con ello, pero ahora estoy aquí escuchándome y sintiéndome”.

Si os apetece, más adelante, seguiremos compartiendo estos breves espacios de reflexión, ahora simplemente, podemos felicitarnos por habernos dedicado este tiempo de lectura.


Buenas noches…


sábado, 14 de noviembre de 2015

Empoderarse y decidir qué queremos pensar

“Se ha demostrado que un solo minuto con un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante 6 horas. La sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro. Tiene capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Afecta a nuestra capacidad intelectual, ya que deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesitadas para tomar decisiones importantes”.

Henry Ford